CAPITULO I

LA ESFINGE Y EL INTERCESOR ELEMENTAL


En el legendario Egipto aun se puede admirar un célebre monumento de piedra que ha perdurado, a pesar de las inclemencias de los fenómenos naturales a través de muchos siglos, a la simbólica obra escultórica que construida o tallada cerca de las grandes Pirámides, nos revela hasta donde alcanzaron los exponentes de la antigua civilización egipcia en materia de arte.

Los ocultistas sabemos que los grandes constructores Egipcios eran Altos Iniciados que conocían grandes secretos o verdades ocultas que simbolizaban alegóricamente. Ciertamente la Esfinge es un monumento sagrado, ya que es una representación de los poderes mágicos que sobre todos los elementos posee la Esfinge Elemental de la Naturaleza, y así como ya algunos ocultistas han enseñado que representan las cuatro características: SABER, QUERER, OSAR, CALLAR, que son los atributos o condiciones principales que debe tener el mago para conseguir siempre el éxito en el Sendero, cualidades éstas representadas por Ángel, Buey, León, Águila; son también símbolo de las cuatro virtudes cardinales: TEMPLANZA, FORTALEZA, JUSTICIA,  PRUDENCIA.

EL ÍNTIMO (Espíritu) de todo hombre posee, o para mejor decir, el hombre a través de sus encarnaciones forma en los mundos internos de conciencia una Entidad que posee todos los conocimientos adquiridos a través de las edades, en la Magia de la naturaleza. Esta Entidad, llamada Intercesor Elemental, evoluciona a medida que evoluciona el hombre en sus diversas vidas sobre la Tierra. El Iniciado puede servirse de esta criatura pidiendo a su ÍNTIMO ordenar a su Intercesor Elemental la protección durante el sueño. El Intercesor Elemental hará entonces el Círculo Mágico con la cinta verde para aislar al Discípulo o Iniciado de influencias nefastas.

Los Intercesores Elementales son discípulos de la Esfinge Elemental de la Naturaleza, que es a su vez el Intercesor Elemental de la Diosa Naturaleza.